Sentado cómodamente en un sofá, Gustavo miraba la tele. Solo la luz del
Televisor iluminaba la habitación. La noche se había hecho larga, Gustavo
Cambiaba continuamente de canal, como un autómata que solo ejecutaba
Esa función. Su mirada estaba como perdida, y aquella sucesión de imágenes
Parecía no tener efecto en el, salvo por la sonrisa estúpida e inmóvil que esbozaba.
Creyó oír un ruido, bajó el volumen de la tele y prestó atención. El ruido venía
Del cuarto mas cercano; caminando sigilosamente llegó hasta la puerta y arrimó
La oreja para escuchar mejor. El sonido parecía una mezcla de respiración ronca
Con gárgaras. Gustavo abrió la puerta y en la penumbra distinguió un cuerpo
Arrastrándose por el suelo, al encender la luz vio que era el hombre el que aún
Estaba vivo, la mujer yacía inmóvil sobre la cama enrojecida. Gustavo sacó una
Navaja de su bolsillo y se agachó para liquidar definitivamente al dueño de la
Casa. Regresó a la habitación en donde estaba y apagó el televisor, después
Salió por la misma puerta que había forzado para entrar a la casa. Se alejó
Caminando, con la sonrisa estúpida fija en el rostro.
He encontrado este texto y creo que es interesante
Edgar Allan Poe
Edgar Allan Poe
20 de marzo de 2011
SILENCIO
Escúchame -dijo el Demonio, apoyando la mano en mi cabeza-. La región de que hablo es una lúgubre región en Libia, a orillas del río Zaire. Y allá no hay ni calma ni silencio.
Las aguas del río están teñidas de un matiz azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan por siempre bajo el ojo purpúreo del sol, con un movimiento tumultuoso y convulsivo. A lo largo de muchas millas, a ambos lados del legamoso lecho del río, se tiende un pálido desierto de gigantescos nenúfares. Suspiran entre sí en esa soledad y tienden hacia el cielo sus largos y pálidos cuellos, mientras inclinan a un lado y otro sus cabezas sempiternas. Y un rumor indistinto se levanta de ellos, como el correr del agua subterránea. Y suspiran entre sí.
Pero su reino tiene un límite, el límite de la oscura, horrible, majestuosa floresta. Allí, como las olas en las Hébridas, la maleza se agita continuamente. Pero ningún viento surca el cielo. Y los altos árboles primitivos oscilan eternamente de un lado a otro con un potente resonar. Y de sus altas copas se filtran, gota a gota, rocíos eternos. Y en sus raíces se retuercen, en un inquieto sueño, extrañas flores venenosas. Y en lo alto, con un agudo sonido susurrante, las nubes grises corren por siempre hacia el oeste, hasta rodar en cataratas sobre las ígneas paredes del horizonte. Pero ningún viento surca el cielo. Y en las orillas del río Zaire no hay ni calma ni silencio.
Era de noche y llovía, y al caer era lluvia, pero después de caída era sangre. Y yo estaba en la marisma entre los altos nenúfares, y la lluvia caía en mi cabeza, y los nenúfares suspiraban entre sí en la solemnidad de su desolación.
Y de improviso levantóse la luna a través de la fina niebla espectral y su color era carmesí. Y mis ojos se posaron en una enorme roca gris que se alzaba a la orilla del río, iluminada por la luz de la luna. Y la roca era gris, y espectral, y alta; y la roca era gris. En su faz había caracteres grabados en la piedra, y yo anduve por la marisma de nenúfares hasta acercarme a la orilla, para leer los caracteres en la piedra. Pero no pude descifrarlos. Y me volvía a la marisma cuando la luna brilló con un rojo más intenso, y al volverme y mirar otra vez hacia la roca y los caracteres vi que los caracteres decían DESOLACIÓN.
Y miré hacia arriba y en lo alto de la roca había un hombre, y me oculté entre los nenúfares para observar lo que hacía aquel hombre. Y el hombre era alto y majestuoso y estaba cubierto desde los hombros a los pies con la toga de la antigua Roma. Y su silueta era indistinta, pero sus facciones eran las facciones de una deidad, porque el palio de la noche, y la luna, y la niebla, y el rocío, habían dejado al descubierto las facciones de su cara. Y su frente era alta y pensativa, y sus ojos brillaban de preocupación; y en las escasas arrugas de sus mejillas leí las fábulas de la tristeza, del cansancio, del disgusto de la humanidad, y el anhelo de estar solo.
Y el hombre se sentó en la roca, apoyó la cabeza en la mano y contempló la desolación. Miró los inquietos matorrales, y los altos árboles primitivos, y más arriba el susurrante cielo, y la luna carmesí. Y yo me mantuve al abrigo de los nenúfares, observando las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad, pero la noche transcurría, y él continuaba sentado en la roca.
Y el hombre distrajo su atención del cielo y miró hacia el melancólico río Zaire y las amarillas, siniestras aguas y las pálidas legiones de nenúfares. Y el hombre escuchó los suspiros de los nenúfares y el murmullo que nacía de ellos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces me sumí en las profundidades de la marisma, vadeando a través de la soledad de los nenúfares, y llamé a los hipopótamos que moran entre los pantanos en las profundidades de la marisma. Y los hipopótamos oyeron mi llamada y vinieron con los behemot al pie de la roca y rugieron sonora y terriblemente bajo la luna. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado en la roca.
Entonces maldije los elementos con la maldición del tumulto, y una espantosa tempestad se congregó en el cielo, donde antes no había viento. Y el cielo se tornó lívido con la violencia de la tempestad, y la lluvia azotó la cabeza del hombre, y las aguas del río se desbordaron, y el río atormentado se cubría de espuma, y los nenúfares alzaban clamores, y la floresta se desmoronaba ante el viento, y rodaba el trueno, y caía el rayo, y la roca vacilaba en sus cimientos. Y yo me mantenía oculto y observaba las acciones de aquel hombre. Y el hombre tembló en la soledad; pero la noche transcurría y él continuaba sentado.
Entonces me encolericé y maldije, con la maldición del silencio, el río y los nenúfares y el viento y la floresta y el cielo y el trueno y los suspiros de los nenúfares. Y quedaron malditos y se callaron. Y la luna cesó de trepar hacia el cielo, y el trueno murió, y el rayo no tuvo ya luz, y las nubes se suspendieron inmóviles, y las aguas bajaron a su nivel y se estacionaron, y los árboles dejaron de balancearse, y los nenúfares ya no suspiraron y no se oyó más el murmullo que nacía de ellos, ni la menor sombra de sonido en todo el vasto desierto ilimitado. Y miré los caracteres de la roca, y habían cambiado; y los caracteres decían: SILENCIO.
Y mis ojos cayeron sobre el rostro de aquel hombre, y su rostro estaba pálido. Y bruscamente alzó la cabeza, que apoyaba en la mano y, poniéndose de pie en la roca, escuchó. Pero no se oía ninguna voz en todo el vasto desierto ilimitado, y los caracteres sobre la roca decían: SILENCIO. Y el hombre se estremeció y, desviando el rostro, huyó a toda carrera, al punto que cesé de verlo.
Pues bien, hay muy hermosos relatos en los libros de los Magos, en los melancólicos libros de los Magos, encuadernados en hierro. Allí, digo, hay admirables historias del cielo y de la tierra, y del potente mar, y de los Genios que gobiernan el mar, y la tierra, y el majestuoso cielo. También había mucho saber en las palabras que pronunciaban las Sibilas, y santas, santas cosas fueron oídas antaño por las sombrías hojas que temblaban en torno a Dodona. Pero, tan cierto como que Alá vive, digo que la fábula que me contó el Demonio, que se sentaba a mi lado a la sombra de la tumba, es la más asombrosa de todas. Y cuando el Demonio concluyó su historia, se dejó caer, en la cavidad de la tumba y rió. Y yo no pude reírme con él, y me maldijo porque no reía. Y el lince que eternamente mora en la tumba salió de ella y se tendió a los pies del Demonio, y lo miró fijamente a la cara.
Ensayos de Edgar Allan Poe
Poe fue escritor de ensayos cultos,extravagantes e ingeniosos, como por ejemplo: Marginalia ,Notas deshilvanadas sobre los gatos, entre otros muchos.
Su ensayo más importante fue Marginalia uno de los fragmentos más importantes son:
Su ensayo más importante fue Marginalia uno de los fragmentos más importantes son:
Un vigoroso argumento en favor del cristianismo es el siguiente: los pecados contra la Caridad son probablemente los únicos que, en su lecho de muerte, los hombres llegan a sentir —y no meramente a comprender —como crímenes.
Infinidad de errores se abren camino en nuestra filosofía por la costumbre del hombre de considerarse tan sólo ciudadano del mundo —de un planeta individual— en vez de contemplar ocasionalmente su posición como cosmopolita, como habitante del universo.
¿Qué puede ser más tranquilizador para el orgullo y la conciencia de un hombre, que la convicción de que al vengarse de sus enemigos por la injusticia cometida con él, no tiene más que responder haciéndoles justicia?
En el cuento propiamente dicho —donde no hay espacio para desarrollar caracteres o para una gran profusión y variedad incidental—, la mera construcción se requiere mucho más imperiosamente que en la novela. En esta última, una trama defectuosa puede escapar a la observación, cosa que jamás ocurrirá en un cuento. Empero, la mayoría de nuestros cuentistas desdeñan la distinción. Parecen empezar sus relatos sin saber cómo van a terminar; y, por lo general, sus finales —como otros tantos gobiernos de Trínculo—, parecen haber olvidado sus comienzos.
Juan Antonio
Polémicas que tuvieron los cuentos de Edgar Allan Poe
Allan Poe no sólo recibió alabanzas y aplausos por sus maravillosos cuentos sino que , el poeta William Butler Yeats fue muy crítico con el bostoniano, llamándolo «vulgar».El escritor del transcendentalismo Ralph Waldo Emerson reaccionó contra El cuervo afirmando: «Nada veo en él.» y refiriéndose a su autor como «el hombre campanilla», frase que recuerda Borges en un escrito sobre Poe. Aldous Huxley escribió que la escritura de Poe «incurría en la vulgaridad» al ser «demasiado poética», y veía su equivalente en el hecho de llevar un anillo de diamantes en cada dedo. La polémica suscitada con su figura es muy llamativa, especialmente en lo que respecta a su poesía. El crítico Harold Bloom sitúa a Poe en el duodécimo lugar entre los poetas norteamericanos del siglo XIX y llama la atención sobre la sobrevaloración constante del autor por parte de la crítica francesa.Fue, sin embargo, su dedicación al arte narrativo lo que definitivamente le consagró como genio literario y en donde puede el lector descifrar la riqueza y complejidad de toda su obra.
Poe tuvo enemigos literarios dentro de su propio país como fueron los escritores Rufus Griswold o Thomas English. Estas versiones deformadas y manipuladas perduraron durante muchas décadas, hasta que fueron finalmente descartadas por ser unas obras grotescas y falsas, a través del estudio de grandes especialistas como John Henry durante el siglo XX.
Ángel
Asesinatos en Rips Park.
Era una tarde normal, como otra cualquiera, estaba sentado en un banco de un verde parque a la luz de la sombra, leyendo el periódico del día, cuando bajé la mirada y vi una noticia de última hora algo escalofriante, en la que decía:
“ se han hallado varios cuerpos descuartizados bajo el puente del parque Rips, en la ciudad de Luxemburgo”.
Al leer esto sentí un extraño frio en el cuerpo, una mezcla de melancolía y temor, una aglomeración de pensamientos y frustración que hacía que mis ojos se disparasen hacia todos lados, observando cada árbol, ardilla y persona que paseaban nerviosas por la zona.
Desconcertado con tal noticia, me dirigí al lugar donde había sucedido tal gran atrocidad, era un lugar algo frio, húmedo y la verdad, incluso algo temeroso. Cuando conseguí colarme entre tan inmensidad de individuos conseguí ver esa imagen que dejó en mi una gran huella, al ver tal imagen, me centre en observar cada palmo de ese lugar; un pedazo de ese parque, alejado, en el cual había un viejo y sucio puente de madera en el que faltaban alguna que otra banda que impedía el paso, rodeado de viejos árboles, secos y sin hojas, el ambiente era húmedo y entre los árboles y en el suelo había multitud de insectos, y lo más temeroso de todo, es la imagen de cuatro cuerpos humanos descuartizados, acompañados de un gran río de sangre que revolvía el estómago de cualquier curioso que se acercaba.
Al cabo de unos días, cuando por fin se había sosegado tal tremendo escándalo, leyendo de nuevo el periódico, volví a leer una noticia similar a la del otro día;
“ se han hallado los cuerpos de dos personas, al parecer hombre y mujer, bajo el puente viejo”.
Tras leer este mensaje, me dirigí de nuevo al puente, y tras apartar a toda la muchedumbre observé que esta vez, la situación era distinta, tanto que esta vez la estampa no era tan desagradable como la vez anterior, esta vez al parecer los cuerpos había sido ahogados con una fuerte soga.
Cuando me quité de ese lío de sombreros, pamelas y pañuelos, me dedique a observar todo como la vez pasada y vi algo en común con la situación anterior, era una pequeña flor de lis colocada encima de una de las ramas de un viejo y rugoso alcornoque situado al lado del puente, en el cual las bandas de la policía rodeaban su gran tronco.
Decidí ir esa misma noche a aquel macabro lugar, donde me arriesgaba a ser la próxima víctima de aquel ser perverso que al parecer se divertía de esa terrible manera.
Eran las doce y media de la noche, todo estaba oscuro, no había ni una sola persona en aquel lugar, me acerqué allí y me escondí cerca de aquel viejo alcornoque donde vi situada esa flor. Pasaban las horas y no pasaba nada, el frío se adentraba en mi cuerpo, el hambre abundaba en mi estomago y aquellos árboles tan secos hacían que mi sed se fuera agravando.
De repente, escuché pasos y me quede inmóvil, para ver quien se aproximaba a esas horas de la mañana a aquel lugar en el que yo sigilosamente me escondía, era un matrimonio y su hijo de unos 5 años de edad, a simple vista familia algo adinerada. El niño, al acercarse a la zona de los anteriores asesinatos, se agarró fuertemente al brazo de su madre y ella se echó a reír al ver a su hijo tan asustado, y le echó los brazos por encima de su hombro.
Al cabo de un rato, los pasos se acercaban y yo más intrigado e inquieto me sentía. De repente, vi la primera sombra, la del niño, a continuación la de su madre y por último la del caballero, que se agachó para atarse el cordón izquierdo del zapato. De repente, salí de mi escondite y con un pequeño cuchillo maté a aquel señor de talle alto y muy bien vestido, fue tan silencioso que ni su esposa ni su pequeño e inteligente hijo se dieron cuenta de lo que había sucedido y andaban tranquilamente hacia adelante, mientras que el señor quedaba tendido en el suelo derramando sangre y convirtiendo la seca tierra en una especie de barro algo pegajoso y enrojecido.
Volví a esconderme, y al cabo de un rato el niño apareció sin su madre y volvió esa sensación de desesperación, se apoderó de mi cuerpo y especialmente de mi cabeza haciendo que volviera a salir apresuradamente de mi escondite, esta vez con un pañuelo en la mano con el cual tapé la pequeña e sensible boca del niño y a continuación até sus pequeñas manos endebles y sus pies, y lo dejé bajo el puente en su agonizante muerte.
Al cabo de un par de minutos, la madre asustada pero algo risueña llegó, nombrando a su hijo y a su marido, parecía que creía que le estaban tomando el pelo pero, otra vez esa sensación, otra vez salí esta vez con una fuerte soga utilicé para rodear el cuello suave de aquella mujer.
Una vez que los tres cuerpos yacían bajo el puente, coloqué una pequeña e insignificante flor de lis en una vieja rama de aquel viejo alcornoque y me fui corriendo sin ser visto por nadie.
Al día siguiente, cuando me encontraba leyendo de nuevo el periódico, leí otra desagradable noticia;
“ tres cuerpos se han hallado bajo el puente, esta vez cada uno falleció de una muerte distinta a cada cual más agonizante”.
Cuando fui a aquel lugar, me pareció tan desagradable que salí corriendo, apartándome de aquella multitud. Decidí que aquella noche volvería a ir a aquel lugar ya que la noche anterior no había visto nada.
Estando escondido en aquel lugar, una sombra apareció detrás de mí, acompañada de otras tantas más, varias sujetaban una soga, otras llevaban unos pañuelos y la que más me impresionó fue una pequeña sombra que entre sus manos sostenía una bolsa, lo suficientemente grande como para guardar una gran compra.
Me asusté de tal manera, que intenté correr, pero estaba totalmente rodeado de sombras, con lo cual comencé a agobiarme y a desesperarme, intenté salir por todas las salidas posibles, pero me era imposible, al final todas ellas se acercaban a mí, cada una más lenta que la anterior, del mismo miedo quedé rendido en el suelo, cuando desperté, me vi totalmente atado con una gran soga, con la boca tapada con un pañuelo y los pies y las manos fuertemente atadas con más de lo mismo, y finalmente al cabo de unos instantes de haberme despertado aquella sombra pequeña vino y tapó mi cabeza con esa inmensa bolsa que me provocaba angustia e inseguridad y que poco a poco suprimía cualquier esperanza de vida que tenía.
Al día siguiente leían en el periódico ;
“ un cuerpo se ha hallado bajo el puente totalmente atado de cuerpo y extremidades , con la boca tapada y con la cabeza cubierta con una gran
bolsa”.
Lourdes.
“ se han hallado varios cuerpos descuartizados bajo el puente del parque Rips, en la ciudad de Luxemburgo”.
Al leer esto sentí un extraño frio en el cuerpo, una mezcla de melancolía y temor, una aglomeración de pensamientos y frustración que hacía que mis ojos se disparasen hacia todos lados, observando cada árbol, ardilla y persona que paseaban nerviosas por la zona.
Desconcertado con tal noticia, me dirigí al lugar donde había sucedido tal gran atrocidad, era un lugar algo frio, húmedo y la verdad, incluso algo temeroso. Cuando conseguí colarme entre tan inmensidad de individuos conseguí ver esa imagen que dejó en mi una gran huella, al ver tal imagen, me centre en observar cada palmo de ese lugar; un pedazo de ese parque, alejado, en el cual había un viejo y sucio puente de madera en el que faltaban alguna que otra banda que impedía el paso, rodeado de viejos árboles, secos y sin hojas, el ambiente era húmedo y entre los árboles y en el suelo había multitud de insectos, y lo más temeroso de todo, es la imagen de cuatro cuerpos humanos descuartizados, acompañados de un gran río de sangre que revolvía el estómago de cualquier curioso que se acercaba.
Al cabo de unos días, cuando por fin se había sosegado tal tremendo escándalo, leyendo de nuevo el periódico, volví a leer una noticia similar a la del otro día;
“ se han hallado los cuerpos de dos personas, al parecer hombre y mujer, bajo el puente viejo”.
Tras leer este mensaje, me dirigí de nuevo al puente, y tras apartar a toda la muchedumbre observé que esta vez, la situación era distinta, tanto que esta vez la estampa no era tan desagradable como la vez anterior, esta vez al parecer los cuerpos había sido ahogados con una fuerte soga.
Cuando me quité de ese lío de sombreros, pamelas y pañuelos, me dedique a observar todo como la vez pasada y vi algo en común con la situación anterior, era una pequeña flor de lis colocada encima de una de las ramas de un viejo y rugoso alcornoque situado al lado del puente, en el cual las bandas de la policía rodeaban su gran tronco.
Decidí ir esa misma noche a aquel macabro lugar, donde me arriesgaba a ser la próxima víctima de aquel ser perverso que al parecer se divertía de esa terrible manera.
Eran las doce y media de la noche, todo estaba oscuro, no había ni una sola persona en aquel lugar, me acerqué allí y me escondí cerca de aquel viejo alcornoque donde vi situada esa flor. Pasaban las horas y no pasaba nada, el frío se adentraba en mi cuerpo, el hambre abundaba en mi estomago y aquellos árboles tan secos hacían que mi sed se fuera agravando.
De repente, escuché pasos y me quede inmóvil, para ver quien se aproximaba a esas horas de la mañana a aquel lugar en el que yo sigilosamente me escondía, era un matrimonio y su hijo de unos 5 años de edad, a simple vista familia algo adinerada. El niño, al acercarse a la zona de los anteriores asesinatos, se agarró fuertemente al brazo de su madre y ella se echó a reír al ver a su hijo tan asustado, y le echó los brazos por encima de su hombro.
Al cabo de un rato, los pasos se acercaban y yo más intrigado e inquieto me sentía. De repente, vi la primera sombra, la del niño, a continuación la de su madre y por último la del caballero, que se agachó para atarse el cordón izquierdo del zapato. De repente, salí de mi escondite y con un pequeño cuchillo maté a aquel señor de talle alto y muy bien vestido, fue tan silencioso que ni su esposa ni su pequeño e inteligente hijo se dieron cuenta de lo que había sucedido y andaban tranquilamente hacia adelante, mientras que el señor quedaba tendido en el suelo derramando sangre y convirtiendo la seca tierra en una especie de barro algo pegajoso y enrojecido.
Volví a esconderme, y al cabo de un rato el niño apareció sin su madre y volvió esa sensación de desesperación, se apoderó de mi cuerpo y especialmente de mi cabeza haciendo que volviera a salir apresuradamente de mi escondite, esta vez con un pañuelo en la mano con el cual tapé la pequeña e sensible boca del niño y a continuación até sus pequeñas manos endebles y sus pies, y lo dejé bajo el puente en su agonizante muerte.
Al cabo de un par de minutos, la madre asustada pero algo risueña llegó, nombrando a su hijo y a su marido, parecía que creía que le estaban tomando el pelo pero, otra vez esa sensación, otra vez salí esta vez con una fuerte soga utilicé para rodear el cuello suave de aquella mujer.
Una vez que los tres cuerpos yacían bajo el puente, coloqué una pequeña e insignificante flor de lis en una vieja rama de aquel viejo alcornoque y me fui corriendo sin ser visto por nadie.
Al día siguiente, cuando me encontraba leyendo de nuevo el periódico, leí otra desagradable noticia;
“ tres cuerpos se han hallado bajo el puente, esta vez cada uno falleció de una muerte distinta a cada cual más agonizante”.
Cuando fui a aquel lugar, me pareció tan desagradable que salí corriendo, apartándome de aquella multitud. Decidí que aquella noche volvería a ir a aquel lugar ya que la noche anterior no había visto nada.
Estando escondido en aquel lugar, una sombra apareció detrás de mí, acompañada de otras tantas más, varias sujetaban una soga, otras llevaban unos pañuelos y la que más me impresionó fue una pequeña sombra que entre sus manos sostenía una bolsa, lo suficientemente grande como para guardar una gran compra.
Me asusté de tal manera, que intenté correr, pero estaba totalmente rodeado de sombras, con lo cual comencé a agobiarme y a desesperarme, intenté salir por todas las salidas posibles, pero me era imposible, al final todas ellas se acercaban a mí, cada una más lenta que la anterior, del mismo miedo quedé rendido en el suelo, cuando desperté, me vi totalmente atado con una gran soga, con la boca tapada con un pañuelo y los pies y las manos fuertemente atadas con más de lo mismo, y finalmente al cabo de unos instantes de haberme despertado aquella sombra pequeña vino y tapó mi cabeza con esa inmensa bolsa que me provocaba angustia e inseguridad y que poco a poco suprimía cualquier esperanza de vida que tenía.
Al día siguiente leían en el periódico ;
“ un cuerpo se ha hallado bajo el puente totalmente atado de cuerpo y extremidades , con la boca tapada y con la cabeza cubierta con una gran
bolsa”.
Lourdes.
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