Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe
Edgar Allan Poe

19 de marzo de 2011

Los señores de la noche.

Debía buscar un trabajo. Las cosas no andaban bien en casa y necesitaba dinero. Mis padres no estarían toda la vida prestándome dinero así que decidí buscar un trabajo. 
Comencé a buscar en el periódico y nada. La sección de empleo ya comenzaba a terminarse, tal vez mañana habría alguno. Pero de inmediato, uno llamo mi atención. Estaba entre los últimos anuncios, en letras mayúsculas, como si fuera algo urgente.

“SE NECESITA NIÑERA QUE CUIDE A DOS NIÑOS DE 7 Y 8 AÑOS EN LAS AFUERAS DE LA CIUDAD. SE PAGA MUY BIEN. LA NECESITAMOS PARA EL FIN DE SEÑANA Y PODRA DORMIR EN LA CASA. LLAMAR AL 555-685-443”. 

Decidí llamar, la idea de que me pagaran para cuidar unos niños y dormir era estupendo.

El sábado a la mañana ya me encontraba en la vieja casa. Se encontraba en las afueras de la ciudad y al cruzar el camino había un pequeño bosque. Al costado del camino que entraba al bosque había un cartel donde se podía leer “No entres al hogar del conejo”. Me dio mala vibra, pero no me preocupo, no tendría la necesidad de entrar ahí.

Los niños eran agradables, la casa era toda mía, ellos sabían que hacer, cobraría por hacer nada.

La tarde paso y se convirtió en media noche, estaba despierta viendo un maratón de películas de terror y el clima era excelente. En la mitad de “el juego del miedo IV” se escuchó un ruido horrible. Salte del sillón, estaba asustada y no quería subir, me convencí de que eran los niños. No pasaron ni cinco minutos que otro ruido pudo escucharse. Esta vez no eran los niños, era obvio. Fui a la cocina y tome un cuchillo. Quedarme viendo las películas no me había ayudado mucho. Subí cuidadosamente por las escaleras, tenía miedo, mucho miedo. Cuando estaba en la mitad de las escaleras se pudo escuchar el portazo de la puerta principal. Se me puso la piel de gallina. Pensé que era el padre de los niños así que lo llame, pero nadie contesto, solo empeoro las cosas. Si no era el dueño de casa, ni los niños, entonces ¿Quién era? . Subí hasta el cuarto de los niños, su puerta estaba entreabierta, desde adentro salía un horrible olor.

Abrí la puerta y me di cuenta que la película “juego del miedo” era una película infantil al lado de lo que mis ojos podían ver. Los niños estaban muertos, asesinados brutalmente, como nunca se vio, como ninguna película, ni la más cruel y sanguinaria mostro. Una sensación de repugnancia y terror subió por mi cuerpo. Había estado cerca de la misma muerte o tal vez lo estoy todavía. Mi cuerpo se paralizo por completo, no podía moverme, ni pedir auxilio, solo podía pensar que el asesino podía atacarme en cualquier momento. 

Pude divisar en una de las paredes del cuarto un mensaje escrito en sangre “tienes 20 segundos para correr, o terminaras como ellos, nosotros te observamos. Los señores de la noche”. Eran más de uno.

Bajé las escaleras tan rápido como pude, abrí la puerta y Salí de la casa, debían quedarme solo unos 10 segundos así que corrí hacia el bosque. Mientras cruzaba el camino, pude ver de nuevo el cartel, no le tome importancia, tenía problemas más graves ahora. Corrí por el bosque sin mirar atrás, mi corazón latía tres veces más de lo normal, mis lágrimas caían, pensaba en mis padres, en mi niñez, deseaba estar en casa. Corrí sin detenerme, los ruidos del bosque me ponía nerviosa, podía sentir que alguien me seguía, tenia miedo, quería llorar. Cuando me di cuenta ya estaba en lo profundo del bosque. Me detuve, tome un respiro, cuando levante mi cabeza pude sentir que algo se clavaba en mi columna.

Desperté, toda mi espalda me dolía y no sentía mis piernas. Al ver hacia arriba pude ver cuatro personas que me miraban fijamente. Los cuatros estaban encapuchados y por su altura y físico pude ver que eran hombres. Uno de ellos hablo.

— ¿No leíste el cartel? —

De repente, se quitaron sus capuchas, dejando ver lo que parecían mascaras aterradoras. Un jabalí, un pato, un caballo y un conejo. El conejo, él era su líder, estaba en su bosque, estaba indefensa ante 4 personas con máscaras grotescas, ellos me rodeaban, no había escapatoria. El conejo comenzó a hablar.

— Somos los señores de la noche, los dueños del bosque. Estamos en todas partes, cuando los perros ladran por las noches, cuando tu sientes miedo de la nada, cuando te sientes observado, cuando estas solo e indefenso, cuando estás haciendo del miedo un sentimiento de placer, cuando te vas a dormir y mientras duermes. Todas las noches seleccionamos una víctima para nuestro sacrificio, no hay escapatoria—

Al terminar su discurso, los cuatro animales sacaron de sus capas cuatro grandes cuchillos. Lentamente se acercaron a mi, pude sentir como mi cuerpo era atravesado por sus armas y como la sangre se escapaba de mi cuerpo. Fue el final para mi.

Así que cuídate, porque cuando escuches a los perros ladrar o te sientas observado o simplemente cuando estés solo, pueden ser uno de los cuatro asesinos enmascarados. No debes temer a fantasmas o a espíritus en pena, a lo que debes temer son a las personas de carne y hueso que son las que pueden oirte, verte y seguirte, son las que pueden cometer los mas sanguinarios crímenes, son los que pueden acabar con tu vida en solo un segundo. Recuerda ellos están por todas partes, puede que estén justo detrás de ti. Tu puedes ser su próxima victima. ¿quieres morir como yo? Entonces cuida tus pasos.


Juan Fran

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